El arte también es bienestar: lo que dice la ciencia sobre el poder de la cultura para transformar vidas
Bailar, cantar, crear y compartir experiencias culturales pueden hacer mucho más que alegrarnos el día. La investigación internacional encuentra vínculos entre la participación artística, el bienestar emocional y la construcción de comunidades más conectadas.
En una rueda de salsa, alguien pierde el paso. Otra persona le sonríe, le ofrece la mano y le ayuda a encontrar nuevamente el ritmo. La música continúa y, poco a poco, el grupo vuelve a moverse en sincronía.
A primera vista, es una escena sencilla: personas disfrutando de la música y el baile. Pero allí sucede algo más. Hay comunicación, confianza, movimiento, atención al otro y una experiencia compartida.
¿Qué papel pueden tener estos pequeños encuentros en nuestro bienestar? ¿Puede la cultura contribuir a que las personas se sientan mejor consigo mismas, fortalezcan sus relaciones y encuentren su lugar en una comunidad?
La ciencia lleva años investigando estas preguntas. Y sus hallazgos invitan a ampliar nuestra comprensión del arte y de la salud.

Cuando la ciencia comenzó a mirar más allá de los escenarios
En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una de las revisiones más amplias realizadas hasta entonces sobre la relación entre las artes, la salud y el bienestar.
El informe, elaborado por las investigadoras Daisy Fancourt y Saoirse Finn, reunió evidencia de más de 3.000 estudios y encontró que las actividades artísticas pueden desempeñar un papel importante tanto en la promoción de la salud y la prevención de enfermedades como en el acompañamiento y tratamiento de distintas condiciones de salud.
Cuatro años después de su publicación, estas conclusiones ya habían abierto nuevas conversaciones sobre el lugar que debería ocupar la cultura en las políticas de bienestar.
Un aporte especialmente relevante llegó en 2022 con CultureForHealth, un proyecto europeo cofinanciado por la Comisión Europea. Su informe Culture's Contribution to Health and Well-being examinó 310 trabajos científicos y académicos de diversas metodologías, agrupados en áreas como salud, bienestar subjetivo y bienestar comunitario.
Entre los hallazgos aparecen asociaciones positivas entre la participación cultural y aspectos como la calidad de vida, el desarrollo de habilidades emocionales y sociales, el sentido de pertenencia y la conexión con otras personas.
Las investigaciones incluyeron experiencias con música, danza, teatro, literatura, artes visuales y otras expresiones culturales.
Esto no significa que cualquier actividad artística garantice una mejora en la salud. Los estudios presentan diferentes niveles de evidencia y todavía existen preguntas sobre los mecanismos que producen determinados resultados.
Sin embargo, el conjunto de investigaciones ofrece una conclusión valiosa: el arte merece ser considerado parte de las estrategias para promover el bienestar individual y colectivo, y no únicamente como una actividad recreativa.
El bienestar también se construye con otros
Cuando pensamos en bienestar, solemos imaginar hábitos individuales: dormir mejor, alimentarnos adecuadamente, hacer ejercicio o manejar el estrés.
Pero hay otra dimensión igualmente importante: nuestras relaciones.
Tener personas con quienes compartir, sentirnos parte de algo, encontrar espacios para expresarnos y participar en experiencias significativas son aspectos que forman parte de una vida saludable.
El informe CultureForHealth identifica precisamente la inclusión social, la conexión interpersonal y el sentido de pertenencia entre los resultados asociados a diferentes formas de participación cultural.
Por ejemplo, la revisión recoge investigaciones sobre el canto colectivo que describen beneficios relacionados con la integración social, las habilidades interpersonales y la creación de vínculos.
También documenta experiencias artísticas con adolescentes en riesgo de exclusión escolar. Una investigación de Thompson y Tawell (2017), incluida en el informe, exploró cómo la participación en procesos creativos podía favorecer nuevas formas de construir la propia identidad y relacionarse con el entorno.
En estas experiencias, el valor del arte no se limita al resultado final —una canción, una coreografía o una presentación—. También puede encontrarse en lo que sucede durante el proceso.
Aprender algo nuevo, escuchar a los demás, equivocarse sin temor, expresar ideas y construir colectivamente son oportunidades de desarrollo que no siempre encontramos en otros espacios de nuestra vida cotidiana.
Y cuando estas experiencias ocurren en comunidad, su significado puede extenderse más allá de cada participante.
¿Y si comenzáramos a cuidar el bienestar antes de que aparezca el malestar?
Uno de los planteamientos más importantes de CultureForHealth es la necesidad de avanzar hacia una comprensión más amplia de la salud.
Durante mucho tiempo, buena parte de las respuestas de los sistemas sanitarios se ha concentrado en atender enfermedades y síntomas. Sin desconocer la importancia de estos servicios, el informe propone fortalecer también las estrategias de promoción de la salud y prevención, considerando las condiciones sociales y culturales que influyen en nuestras vidas.
En ese escenario, las artes pueden desempeñar un papel complementario.
Participar en actividades culturales accesibles, frecuentes y adaptadas a las necesidades de las personas puede ofrecer oportunidades para desarrollar capacidades, fortalecer relaciones y construir redes de apoyo.
La investigación también reconoce que estos beneficios no se distribuyen de manera automática ni equitativa. Las barreras económicas, territoriales y sociales pueden limitar el acceso a experiencias culturales de calidad.
Por eso, ampliar las oportunidades de participación artística no es solamente una cuestión de oferta cultural. También es una conversación sobre inclusión, equidad y bienestar.
Y es especialmente relevante cuando hablamos de juventudes.
La adolescencia y la juventud son etapas de construcción de identidad, exploración de posibilidades y desarrollo de relaciones significativas. Contar con espacios de expresión, creación y participación puede contribuir a fortalecer capacidades personales y sociales importantes para transitar estos años.
Esto no convierte a las artes en un tratamiento clínico ni significa que puedan resolver por sí solas problemas estructurales como la desigualdad o la violencia. Su potencial está en formar parte de respuestas más amplias, articuladas con la educación, la salud y el desarrollo comunitario.
Del conocimiento a la experiencia: nuestra apuesta desde Timbalé
En Medellín, estas reflexiones se conectan con una pregunta que acompaña el trabajo de la Organización Cultural Timbalé desde 2015:
¿Cómo podemos convertir las experiencias artísticas en oportunidades de bienestar, aprendizaje y transformación personal y comunitaria?
Para nosotros, la danza y la música tienen un valor artístico y cultural propio. Son espacios de disfrute, creatividad, expresión e identidad.
Pero también ofrecen posibilidades para encontrarnos con otras personas, desarrollar capacidades y construir comunidad.
En nuestras experiencias formativas y artísticas buscamos que las personas puedan descubrir nuevas formas de relacionarse consigo mismas y con su entorno. Y, a través de programas sociales como Bailemos Juntos y Transformadores, llevamos esta intención a procesos de formación y participación juvenil.
En Bailemos Juntos, por ejemplo, utilizamos la Salsa Rueda de Casino como una plataforma artística y relacional. A través del movimiento colectivo, el aprendizaje experiencial y espacios de reflexión, buscamos fortalecer el bienestar, las habilidades socioemocionales y los vínculos entre jóvenes.
La experiencia artística se convierte así en un punto de encuentro entre el cuerpo, las emociones, las relaciones y la comunidad.
No partimos de la idea de que bailar soluciona todos los problemas. Tampoco pretendemos reemplazar la atención psicológica o médica cuando es necesaria.
Nuestra apuesta es contribuir, desde el arte y con acompañamiento profesional, a crear condiciones favorables para el bienestar y el desarrollo humano.
Por eso, también consideramos fundamental investigar, medir y aprender de nuestras intervenciones, para comprender qué cambios experimentan los participantes, cuáles pueden relacionarse con nuestras metodologías y qué debemos mejorar.
La cultura no es un lujo. Es una oportunidad para vivir mejor.
El informe CultureForHealth concluye con un llamado a integrar la cultura en las estrategias de salud y bienestar, promover la investigación, fortalecer la colaboración entre sectores y ampliar el acceso a experiencias artísticas.
Aunque sus recomendaciones están dirigidas al contexto europeo, abren preguntas pertinentes para ciudades como Medellín:
¿Qué cambiaría si reconociéramos los espacios culturales como parte de los entornos que favorecen el bienestar? ¿Si las oportunidades para bailar, cantar, crear y participar fueran más accesibles? ¿Si organizaciones culturales, instituciones educativas, comunidades y profesionales de la salud trabajaran más estrechamente?
Quizás comenzaríamos a reconocer algo que sucede todos los días en una clase de danza, en un ensayo musical o en un encuentro comunitario: que el valor de una experiencia artística no termina cuando se apaga la música.
Permanece en lo que aprendemos, en las relaciones que construimos y en las posibilidades que descubrimos.
Porque el arte no solo nos permite crear algo nuevo. También puede ayudarnos a construir nuevas maneras de estar con nosotros mismos y con los demás.
Y en Timbalé queremos seguir creando espacios para que eso suceda.
Fuentes y referencias
1. CultureForHealth (2022). Zbranca, R., Dâmaso, M., Blaga, O., Kiss, K., Dascăl, M. D., Yakobson, D. y Pop, O. CultureForHealth Report – Summary: Culture's Contribution to Health and Well-being. A Report on Evidence and Policy Recommendations for Europe. Culture Action Europe.
2. Organización Mundial de la Salud (2019). Fancourt, D. y Finn, S. What Is the Evidence on the Role of the Arts in Improving Health and Well-being? A Scoping Review. Health Evidence Network Synthesis Report 67. Oficina Regional de la OMS para Europa.
3. Thompson, I. y Tawell, A. (2017). Becoming Other: Social and Emotional Development Through the Creative Arts for Young People with Behavioural Difficulties. Emotional and Behavioural Difficulties, 22(1), 18–34.



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