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La danza transforma

La danza logra ese íntimo contacto entre los sentidos y las emociones que va perdiéndose bajo la presión incesante de la rutina y la velocidad que exige la vida diaria. Nos saca de un estado de quietud física (y a veces mental) para transportarnos a otro, en donde somos protagonistas y donde hacemos protagonistas a nuestros compañeros de baile, por el simple hecho de compartir el espacio físico, la música y el movimiento; y al público, porque despierta un sentimiento de empatía que le hace sentir nuestras cadencias como propias.


Cuando bailas, aunque lo hagas en privado, sabes que perteneces, que no estás solo, porque la danza es una expresión global. Y cuando lo haces en comunidad es todavía más potente. Tomas la mano de otra persona, lees sus gestos y sus emociones para vincularte a ella de una forma única, sabiendo que esa persona hace el mismo esfuerzo por tí. El ritmo es uno solo, pero las formas de sentirlo y expresarlo son diferentes, y sin embargo estás allí, tratando de conjugar tu visión con la del otro, por el simple hecho de querer hacerlo posible.


Por eso la danza es mi herramienta de transformación, en especial la Salsa Rueda de Casino, en la que existe el reto de entender a tu pareja y a la pareja junto a tí, en una metáfora de la vida que te va poniendo en contacto con diferentes personas en diferentes contextos, un reto individual y colectivo que te gozas bailando.


Usando la Salsa Rueda de casino he podido consolidar una metodología en la que he incorporado otras herramientas como la inteligencia emocional y el diseño de pensamiento para trabajar con jóvenes en comunidades vulnerables, con el apoyo de formadores que han hecho este proyecto como propia y con quienes estoy profundamente agradecido:


Imaginen a un grupo de jóvenes que, en vez de generar escenarios de violencia, porque es lo que han vivido en su entorno, ven la posibilidad de liberarse de ese estigma y contemplarse en otro contexto, uno donde sus capacidades son reconocidas y alentadas, donde pueden compartir con otros jóvenes sus experiencias de vida, buscar soluciones y creer que es posible transformar y transformarse a pesar de los problemas y de las carencias. Ahora, imaginen que todo esto se construye en un ambiente inclusivo, de baile, de música, de fiesta. Esa energía de transformación será satisfactoria y estos jóvenes empezarán a reconocerse no solo desde sus aportes individuales sino como posibles agentes de cambio desde propuestas colectivas.


Creo en la danza como una potente herramienta de transformación social y personal. Mi sueño y el sueño de la empresa que estoy construyendo día a día con tanto empeño tiene la misión de impactar a tantos jóvenes como sea posible para que se abran a una nueva visión de sí mismos, una visión llena de oportunidades y posibilidades, una visión donde tengan el poder de cambiar su entorno para hacer un mundo mejor.


Sigo aprendiendo, sigo soñando y sigo formando, para que más jóvenes se unan al reto de ser Transformadores.


El desarrollo de este programa es posible, gracias al apoyo del Ministerio de Cultura y de la convocatoria COMPARTE LO QUE SOMOS 2021













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